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La forma

sábado, 17 de noviembre de 2018


Tumbado en la cama, cierras los ojos y presientes el hilo de luz de luna que atraviesa la ventana y enfoca tu cuerpo; nada puedes hacer para remediarlo. El chasquido delata el momento exacto en que la luz se apaga y emerge esa forma que crece oscura. Tú puedes distinguir su sombra de cualquier otra; no pertenece al armario, ni al espejo del tocador, tampoco a la silla a los pies de tu cama. Te limitas a esperar inmóvil mientras tu cerebro te recuerda que sí, que a pesar de que tus ojos siguen cerrados, estás despierto. De nada sirve reaccionar cuando la forma te asalta y cae sobre tu cuerpo con el peso de una losa de mármol y el tacto frío y húmedo del hielo. La forma te aplasta, la forma te hunde. Pides auxilio, ese instinto aún prevalece en ti, pero de nada sirve. Tus gritos mudos se agotan y el sudor te envuelve. Tus manos dejan de ser tus manos. Tus piernas dejan de ser tus piernas. Y la forma roba tu rostro. La forma toma tu cuerpo. El hilo de luz de luna regresa. Te rindes, sin eco alguno de lo que fue tu voz, incapaz de escuchar tus propios pensamientos. Te dejas llevar. Lo aceptas, y abres los ojos. Abajo, ves un montón de huesos y carne que ya no te pertenecen. Ahora eres la forma, te desvaneces en el hilo de luz de luna, atraviesas la ventana, y no vuelves.


Autor: Maríe Yuset
La forma © 2018 Todos los derechos reservados
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