Pito, pito, gorgorito… 183.437


183.437. ¡Guau! Siempre me gustó el siete. Era mi número de la suerte. Y allí estaba yo, dichoso porque al fin y al cabo no era tan malo como me lo había imaginado, sentado en la sala de espera con aquellos taburetes acolchados. Si miraba hacia mi derecha, la fila iba desapareciendo, y si lo hacía a la izquierda, fila infinita que se perdía de vista; aunque prefería no volver a mirar, por si acaso me topaba con alguna cara conocida. De frente y en lo alto sobre un escenario, dos descomunales puertas iluminadas por potentes focos, música ambiente a lo Gun´s & Roses y en el centro, una señorita vestida de cuero a lo Olivia Newton John en la película Grease (la dirigente de todo aquel cotarro) que recibía a los asistentes tras un mostrador y un timbre retro hotelero. Pero lo que me llamaba realmente la atención, no era todo aquel escenario… dantesco. No. Sino la horrorosa visera con lucecitas de neón que lucía la mujer en la cabeza. Entonces la dirigente del cotarro (con muy mala gana) sacó una carpeta del cajón, que selló sin tan siquiera levantar la mirada al recién llegado. Le había tocado a un hombre regordete, sudoroso y con cara de no haber roto un plato. Tras comprobar varios de los papeles alzó el dedo índice y le señaló la puerta de la izquierda. El regordete sollozó y la puerta tras él se cerró. “Ding”, la dirigente golpeó el timbre retro, gritó un ¡siguiente! y tras eso, un nuevo número apareció en su visera de lucecitas de Neón. 183.436. ¡Guau! Estaba a punto de tocarme. Ya me sudaban las manos, y mi rodilla derecha había decidido interpretar por su cuenta el temita de Gun´s & Roses. Permití durante algunos segundos que lo hiciera, pero en cuanto comprobé que la otra seguía el ritmo brinqué para recuperar el control. Una maraña andante de pelo (que supuse que escondía a una mujer) apareció desafiante frente al escritorio de la dirigente. La dirigente selló con más fuerza, y para asombro de todos, la maraña andante por su cuenta a la puerta izquierda se encaminó sin esperar la indicación. Entonces, recordé que mi padre (que en la puerta derecha en gloria se encontrase) me dijo una vez que Dios juega al pito, pito, gorgorito… Y que eso de que todo estaba escrito en sus designios, no era del todo cierto. Que a Dios le gustaba saltar a la comba, lanzar canicas, hacer pedorretas y…, el pito, pito, gorgorito. No sé. Algo me decía que mi viejo no había ido muy mal encaminado, porque ¡vamos! y puestos a analizar el lugar, allí donde se encontraba no era del todo, todo muy normal. Sólo a dios debía resultarle divertido. “Ding”, 183.437. Me tocó. Así que me levanté, y como bien me enseñaron en el colegio dije "presente" para darme cuenta que en un abrir y cerrar de ojos estaba frente a la dirigente. 

—Buenas —no respondió. Metió las manos en los cajones y sacó un buen fleje de papeles. Así que todos esos eran… yo. De pronto tuve unas irresistibles ganas de arrancárselos. Algo me decía que muy limpia no iba a ser la admisión. 
—Señor Rover: 47 años. Mal abogado, no casado, no hijos, demasiadas mujeres, así que promiscuo ¿eh? Y mentiroso… Charlatán, embaucador, ladrón de juventud, roce con las drogas…
—¡Eh, eh! Hágame un favor, sáltese todo ese buen renglón y lea un poco más abajo… Soy un tipo de buena educación, amigo de mis amigos. Suficientemente trabajador y voy a misa algún que otro domingo. —Le piqué el ojo, pero no caló. 
—Y le gusta el alcohol.
—Solo en ocasiones especiales. Compruebe la parte en que voy a misa algún que otro domingo.
—Señor Rover… Pito, pito, gorgorito… —Válgame dios. Mi padre tenía razón.

Autor: Maríe Yuset 
Pito, pito, gorgorito...183.437 © 2017 Todos los derechos reservados nº1707213002980

Comentarios

  1. I constantly spent my half an hour to read this weblog's posts every day along with a cup of coffee. sign in to gmail

    ResponderEliminar
  2. Thank you very mucho. Amazing... sincerily thank you. Take care

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Lo + popular