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—¿Estás seguro que no se despertarán? —dijo Yod a su hermano que ya estaba posicionado mientras de reojo se fijaba en las dos bestias de abajo.
—¿Despertarse en sus horas de siesta? —contestó a su hermano menor —Por favor, ¿no los ves?, míralos, Yod, ¡pero si babean!… No te estarás rajando, ¿verdad?
—¿Rajando yo, me ves cara de rajao, Kuk? 
—Joder…, ¡ya sabía yo que no podía contar contigo! Tienen razón todos nuestros hermanos, eres un cagao, sigues siendo el peque de mamá.
Yod dio un paso atrás, no quería enfrentarse con Kuk. Sabía por experiencia que si lo hacía saldría muy mal parado, así que levantó los ojos compuestos al cielo y se tomó un tiempo para soltar varios quejidos de resignación. 
—Muy bien, allá vamos. A ver quién se acerca más a las narices de la bestia que ronca. 
Yod bajó la cabeza y se acercó la malla pegajosa al cuerpo. Le dio varias vueltas por la zona del tórax y la anudó con un nudo doble más de seguridad. De peque, él, no tenía nada, pensó cuando se adelantó …

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