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Junto al arroyo

Junto al arroyo —Sí, ¿diga?
—Luis, cariño. Estoy esperándote. Tengo tantas ganas de verte… Estoy junto al arroyo, bajando la ladera. A la sombra del roble que se apaga cuando arremeten las nubes contra él…
—¿Oiga?
—Luis, soy yo. Olvidé decirte cuánto te quiero. Estoy justo donde la corriente se detiene. En la desembocadura del arroyo, ¿recuerdas? Sentada sobre la piedra musgosa y tornadiza que dejó estampados verdinegros en tus pantalones, la que si cierras un ojo y ladeas la cabeza deja de ser una piedra y parece una rana panza arriba. Es sorprendente. Aquí nos cogimos de la mano la primera vez. Aquí nos declaramos después de que me cubrieras de besos… El arroyo ahora apenas lleva agua, ¿sabes?
—Disculpe, no oigo nada… ¿Quién es?
—Soy yo, Carla, ¿me oyes? Te espero aquí, cariño, que nuestra piedra sigue siendo igual de confortable. Recuerdo que saltábamos desde aquí cuando el caudal se desbordaba y el arroyo parecía una piscina viva y fresca. Cómo brillaba el agua cuando caían las ho…

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